Después de haber vivido con alegría el tiempo especial de pascua, de haber vivido la ascensión del Señor y la fiesta maravillosa de pentecostés, hoy celebramos esta fiesta de la santísima Trinidad, a Dios mismo, un solo dios en tres personas distintas, e iguales, con funciones diferentes pero trabajado en unidad.
Primeramente, tenemos al Padre que es el creador, del universo, al hijo como nuestro salvador y al espíritu santo el santificador, ante este misterio solo nos queda agradecer tan grande amor de Dios para con nosotros, y a la vez un amor manifestado en la comunión de la santísima trinidad, y precisamente hoy al celebrar esta festividad.
San Juan en su evangelio de hoy y recordando al pueblo de Israel en su terquedad, nos muestra como Dios no deja de mostrarles su amor. hoy a nosotros nos lo sigue
recordando en este evangelio » tanto amo Dios al mundo, que le entrego a su único hijo», con una promesa firme, para que el que crea en el no perezca, más bien se salve.
En el catecismo de la iglesia nos enseña que el amor de Dios hacia nosotros es más fuerte al amor de un padre y de una madre por sus hijos. Un amor incondicional y nos podemos cuestionar sobre este amor.
¿Si Dios nos ama tanto por que existe guerra, maldad, pobreza, envidia? Y pues la respuesta sería que no es porque Dios se contradiga, o en verdad no nos ame, el problema no viene del amor de Dios hacia nosotros sino de nuestro amor hacia Él, en ese amor infinito Dios no deja libertad y es ahí donde el hombre no pone en práctica este amor de Dios, tan insistente en su evangelio, un amor semejante al de él, que sea capaz de permitirnos amarnos a nosotros mismos, a Dios y por ende ese amor se vea reflejado en el amor al prójimo, Dios no nos deja de amar somos nosotros los que nos alejamos de su amor.
Por tanto, esa falta de amor a Dios y de sentirnos amados por Él, se refleja en la realidad que vivimos, cuanta falta nos hace reflejar ese amor de Dios a nuestros hermanos. Dice el canto de la hermana Glenda, “si conocieras, como te ama, dejarías de mendigar cualquier amor, si conocieras como te amo serias más feliz”, porque una persona que se siente amada es capaz de trasmitir ese amor.
Al contrario, una persona que no se siente amada, refleja maldad, amargura y muchas cosas pidamos a Dios experimentar, este gran amor para poderlo compartir a los demás y trabajar en esa armonía y unidad a ejemplo de la santísima trinidad, sin diferencias sin divisiones, sino en un mismo sentir en una misma comunión, con diferentes formas de pensar y de ser, pero en unidad de un mismo amor.
Así es que nuestra preocupación no debe ser el entender el misterio de la Trinidad sino más bien en imitar su unidad y amor, cuentan que en una ocasión San Agustín queriendo resolver este misterio, caminando por la playa se encontró con un niño que con una conchita intentaba depositar en un hoyo el agua del mar, por lo tanto, San Agustín le dijo que eso era imposible, a lo cual el niño le respondió que eso era más fácil que el que san Agustín pudiera comprender tan gran misterio de la Trinidad.
Hoy en la segunda carta a los Corintios concluye con una doxología, que expresa la acción de la Trinidad. La gracia del hijo, el amor del padre y la comunión del espíritu santo, por tanto, resumimos este misterio en que Dios es comunión, amor y vida compartida o comunitaria.
Que Dios uno y Trino nos permita vivir en amor y armonía
Recuerda Dios sin ti sigue siendo Dios, pero nosotros sin él no somos nada
Su atento servidor: Pbro. José Dolores Muñoz Trujillo









